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Ventajas y desventajas de usar tacones

Posiblemente el efecto más conocido de los tacones es que estilizan la figura. Sin embargo, el uso de zapatos de tacón puede tener otros efectos, no sólo en nuestros pies si no también en el resto de nuestros músculos. Desde tonificar las piernas a lesiones, te advertimos que los tacones no son únicamente buenos ni únicamente malos.

Y es que aunque se hayan ganado una mala fama y los podólogos aconsejan no abusar de ellos, es cierto que los tacones tienen también beneficios para nuestro cuerpo. El primero, es que con ellos mejoramos nuestra postura. Cuando nos ponemos unos zapatos de tacón, tendemos a caminar de forma más recta y erguida, ya que así logramos mayor estabilidad. De esta forma, evitaremos dolores de espalda y contracturas que se pueden producir por caminar de manera incorrecta.

Además, los zapatos de tacón nos ayudan a tonificar la parte posterior de las piernas. De hecho, cuando queremos fortalecer los gemelos es aconsejable caminar de puntillas. Es decir, si quieres tener unos gemelos moldeados y firmes, ¡cálzate esos tacones! Pero no es la única ventaja, la forma de andar con tacones hace que se fortalezcan los músculos del suelo pélvico. Según un estudio, el uso de tacones ejercita esos músculos y aumenta su capacidad de contracción. Las mujeres que participaron en el estudio usaron tacones de entre 5 y 7 centímetros. En este sentido, quedan descartados los tacones de más altura, ya que fuerzan demasiado la columna vertebral y pueden llegar a causar daños en el suelo pélvico.

Aunque para muchas mujeres el tacón es algo imprescindible en su día a día, el Consejo General de Colegios Oficiales de Podólogos no recomienda su uso habitual. En especial, de aquellos zapatos de tacón con más de 5 centímetros de altura, de aguja y estrechos. ¿El motivo? Este tipo de zapatos facilita la aparición de molestias en el pie y puede llegar a deformarlo, tanto a nivel óseo como muscular.

Dolores en la planta del pie, problemas de estabilidad, dedos en garra o juanetes, pueden ser algunas de las consecuencias del uso repetido de este tipo de zapato. En esta línea, los podólogos advierten que cuando estamos descalzos en el suelo el 75% del peso lo soporta el talón y el 25% el antepié. Así, el pie está adaptado a esta distribución del peso y cuando nos calzamos unos zapatos con tacón, lo estamos modificando, al aguantar más peso sobre el antepié. Este dato, objetivo y cuantificable, implica presencia de dolor a nivel del antepié.

Las rodillas también son parte de las damnificadas por el uso de tacones. Y es que esta articulación debe aguantar mayor presión cuando caminamos sobre el antepié. Así, se puede sufrir artrosis de manera prematura por un desgaste excesivo de los músculos de esa zona.

La espalda y las caderas también modifican su forma habitual si caminamos con zapatos de tacón. Y es que aunque nuestra postura es más recta, la alineación de las caderas termina siendo algo artificial y se pueden producir dolores lumbares o cervicales.

Por estos motivos, los podólogos aconsejan a las mujeres que no pueden vivir sin sus tacones, que los alternen con otro tipo de zapato para que las piernas no se acostumbren a la altura del tacón. Sin embargo, señalan que aquellas mujeres que estén acostumbradas a un tacón alto deben cambiar de manera progresiva para evitar lesiones como lumbalgias o tendinitis.

Cuando decidimos cuidarnos tenemos que tener en cuenta muchos factores además de nuestra alimentación. Aunque nuestro organismo mejore si lo alimentamos de forma correcta, también debemos hacerlo siguiendo el consejo de expertos para evitar lesiones o dolores musculares. ¿Eres de bailarinas, zapatillas o de stilettos?

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