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¿Qué factores influyen para perder peso?

Perder peso

“Pues yo tengo una amiga, ¡dichosa ella! que puede comer lo que quiera porque nunca engorda.”

Seguramente que más de una de nosotras ha pronunciado esta frase en algún momento; y si no lo hicimos es porque éramos nosotras mismas la que teníamos esa fama. Hay bastante que analizar en esta frase y es por eso por lo que hoy nos gustaría hablar de los factores que influyen para perder peso.

De hecho, es un poco curioso que seamos capaces de afirmar simultáneamente que hay gente que coma lo que coma no verá su peso afectado y que para mantener el peso correcto hay que comer bien y hacer ejercicio. Nuestro profesor de filosofía seguramente alzaría una ceja para mirarnos con curiosidad, porque si una es cierta, la otra debe ser falsa, necesariamente. Al menos, eso es lo que afirman las reglas de la lógica, y de la biología.

 

Ejercicio y alimentación

Es cierto que el ejercicio es fundamental para mantener nuestro cuerpo en óptimo estado porque somos una especie adaptada al movimiento continuo. Mientras la sociedad moderna promueve el sedentarismo, las generaciones anteriores vivían en un estado de continuo esfuerzo físico; y nuestro cuerpo sigue demandando ese movimiento y sigue trabajando mejor cuando se le exige moverse. ¿Queréis un dato sorprendente? Hay médicos e investigadores científicos, como Daniel Wolpert, que afirman que si los animales tenemos un cerebro como el que tenemos es precisamente para poder controlar todo el esfuerzo que requiere moverse. Seguramente tenga razón, la inteligencia artificial de los robots está a la altura de la inteligencia humana, cuando no la ha sobrepasado ya; pero el movimiento de estos seres mecánicos no es tan fluido y delicado como el de cualquier persona.

Y, por supuesto, el peso depende de la alimentación. Numerosas veces hemos hablado en el blog de ello, pero hoy solamente recordaremos esa sencilla ecuación que relaciona las calorías que aportamos cuando comemos con las calorías que gastamos al vivir nuestro día a día; si hay un exceso de las primeras esta ecuación indica que el equilibrio se obtiene desechando las que se pueda o almacenando parte de ese exceso. Como nuestro cuerpo no suele ser derrochador, almacenar todas esas calorías de más termina por favorecer el sobrepeso.

 

La genética

Y, ¿qué pasa con esta amiga? Probablemente, y por algún motivo, su cuerpo es más proclive a descartar esas calorías extras que a almacenarlas. Aquí recurriríamos a decir que “es por su genética”. Efectivamente, este es un factor más que influye en la pérdida de peso. Cada persona es única, y tiene mucho sentido biológico porque a una especie le interesa que sus individuos sean diferentes entre sí; así se comportarán de manera ligeramente diferente ante una determinada situación. Y esas diferencias se transmiten a la siguiente generación; es la base de la evolución. Por ello, hay personas que tienden a eliminar el exceso de calorías ingeridas, por lo que no engordan apenas, y personas que son más “ahorradoras”, por lo que engordan con más facilidad. La sociedad actual favorece lo primero; hace generaciones, cuando el alimento no estaba tan asegurado, las segundas tenían una clara ventaja vital.

La edad

Pero la situación es más compleja todavía. La edad es un factor que también influye en el peso que tenemos; con los años, esta amiga nuestra ya no podrá seguir viviendo despreocupada de lo que come: con los años es más fácil engordar y los acúmulos de grasa son más permanentes. Aunque de joven y de mayor somos el mismo individuo, habría que preguntarse si seguimos siendo iguales, si somos todavía la misma persona; el profesor de filosofía ya nos miraría más complacido mientras avisa al de biología.

Y, ¿ya está? En absoluto, todos los factores anteriores son, por decirlo de manera técnica, factores intrínsecos, es decir, factores que se incluyen en lo que es uno mismo; faltaría por abordar el grupo de factores extrínsecos, es decir, los factores que nos rodean.

 

El entorno es vital

Por ejemplo, vivir en un área que tiene una gran cantidad de supermercados puede aumentar el acceso a alimentos de mejor calidad y con menos calorías. Vivir en un vecindario con muchos espacios verdes y áreas para hacer actividad física de manera segura puede alentar a una persona a ser más activa físicamente. En uno u otro caso, nuestro entorno favorece que controlemos nuestro peso con mayor facilidad. Y si en nuestro trabajo han instalado máquinas expendedoras es probable que los productos ofertados no sean los más adecuados para nuestro objetivo, por lo que deberemos hacer algún esfuerzo extra, como llevarnos la comida de casa para tener la seguridad de que comemos algo adecuado.

 

Las relaciones sociales y familiares

Hay familias o grupos cuya rutina de ocio consiste en estar inactivas viendo televisión o en el ordenador; otras son más de salir a pasear o de hacer en ejercicio juntos. Hay culturas donde se alienta reunirse con frecuencia con el resto de la familia alrededor de una mesa y disfrutar de una velada inolvidable, pero también hay culturas en las que estas reuniones son mucho más esporádicas y lo más frecuente es celebrar eventos más íntimos con los miembros más cercanos. En definitiva, lo que llamamos “la presión social” influye decisivamente en nuestra facilidad, o dificultad de perder peso.

Podríamos seguir y hablar también de cómo disfrutar de una rutina de descanso nocturno favorece las rutinas de alimentación, o de cómo los turnos de trabajo afectan a cuándo y en qué condiciones comemos. También podríamos hablar de cómo nuestra situación emocional afecta a nuestro peso y recordar que cuando vivimos estresados o con ansiedad crónica tenderemos a liberar nuestras tenciones emocionales a través del picoteo y comidas en momentos que no son nutricionalmente necesarios.

Pero quizá sea mejor quedarnos ya con el mensaje importante: las cuestiones que afectan a nuestro peso van mucho más allá de lo que comemos y del ejercicio que hacemos porque nuestro ritmo y estilo de vida afecta tanto a lo que comemos y al ejercicio que hacemos, como a los efectos que estas actividades tienen en nosotros. A veces, mejor dicho, muy frecuentemente, planificamos muy bien la rutina de alimentación y de ejercicio, pero nos desatendemos por completo del resto y olvidamos que el peso no es más que un reflejo de nuestra salud, y es ésta la que debemos cuidar por encima de todo.

 

En Lev nos enfocamos en la parte de la alimentación, pero siempre teniendo en cuenta todos los aspectos que intervienen e influyen en el entorno de cada persona, por eso, el Método Lev® se adapta a cada persona ofreciendo un plan de adelgazamiento personalizado, en el que nuestros nutricionistas tienen en cuenta las circunstancias personales, dolencias medicas, hábitos y estilo de vida de cada paciente.

 

 

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