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¿Engordan más las frutas de hueso?

Frutas de hueso

Ahora en verano aumenta el consumo de fruta, y si tú no lo haces así piensa si no se merecen una oportunidad: son coloridas y vistosas, atractivas; son dulces y eso significa energía rápida; son frescas y refrescantes, ricas en agua, fuente de hidratación.

Más allá de las obviedades anteriores, sobre la fruta existen innumerables mitos, medias afirmaciones y mentiras. Hoy nos gustaría comentar si es cierto que la fruta de hueso engorda más que otros tipos de fruta.

Engordar o adelgazar no es culpa de un alimento, por lo que debemos decir ya de inicio que la fruta, y otros alimentos, quedan libres de toda sospecha inicial.

Engordar es un fenómeno multifactorial que se ve influenciado por lo que comemos, pero también por nuestra rutina de vida, nuestra calidad de sueño y hasta por nuestros sentimientos y situación de estrés. Por supuesto, seguro que a mayores hay factores genéticos que nos predispongan a ello, pero siempre nos solemos enfocar en lo que podemos modificar: nuestro estilo de vida.

¿Cuáles son las frutas de hueso?

Así que, visto lo anterior, la pregunta estaría mejor formulada si nos preguntamos si la fruta de hueso aporta más calorías que otros tipos de fruta. Es decir, si una pieza de melocotón (unos 150 gramos) aporta más calorías que una manzana del mismo peso.

¡Espera! ¡Las manzanas tienen semillas dentro! ¿Son las manzanas frutas de hueso? Vale, la pregunta parece ilógica, ¡claro que no! ¿y las cerezas, y las nectarinas, y los albaricoques, y los aguacates? Estos cuatro ejemplos sí que tienen un “hueso” dentro, así que sí deberán serlo. Parece que antes de nada habría que definir qué es y que no es una fruta de hueso para saber si las frutas dentro de este grupo son más calóricas que las que no lo son.

Y descubrimos que en botánica no existe ninguna categoría de “frutas de hueso”. En su lugar, existe un término técnico, drupas, que se refiere a un tipo de frutos en los que las semillas se rodean de una primera capa leñosa y coriácea, seguida de otra más o menos gruesa y pulposa, a veces fibrosa, terminando por una tercera que forma la piel que envuelve a la fruta. La clave es que las frutas que están fuera de este grupo la capa más interna no es leñosa, sino más bien coriácea.

Siguiendo esta clasificación los botánicos han clasificado a melocotones, cerezas, nectarinas y albaricoques como “frutas de hueso”, pero también a las ciruelas y olivas, ¡e incluso a las moras y frambuesas!, ¡y a los cocos!, ¡y a las almendras! Por el contrario, el aguacate no sería una verdadera drupa, una verdadera “fruta de hueso”. ¡Qué curioso!

Aporte calórico de las frutas

Deberíamos ahora buscar el aporte calórico de estos ejemplos. Así, melocotones, nectarinas, albaricoques, cerezas y ciruelas aportan entre 40 y 50 Kcal cada 100 gramos; las insólitas moras y frambuesas también se mueven por ese rango. ¿Es mucho o poco? Pues consideremos que 100 gramos de manzana aportan unas 50 Kcal, mientras que esta misma cantidad de sandía tiene unas 30 Kcal. En el extremo superior encontramos al plátano y a los caquis, con unas 120 Kcal cada 100 gramos, las olivas tienen un aporte similar. El coco es todo un outsider con sus cerca de 350 Kcal. El aguacate también está por aquí arriba, con unas 150 Kcal.

A la vista de estos valores, las frutas de hueso más comunes no son en absoluto frutas muy calóricas, con cifras muy similares al de una manzana, una naranja, o una piña. Entonces, ¿por qué esta fama? Seguramente por la textura tan firme y sabrosa de su pulpa, la cual ejerce un efecto psicológico en nuestra mente de estar comiendo una fruta con un elevado contenido calórico por ser rica en grasas y azúcares. Es una trampa mental verdaderamente curiosa porque una simple naranja tiene el mismo contenido en azúcar que un melocotón, ¡pero el triple de grasa! Sin embargo, como es más acuosa nuestra mente decide engañarnos. ¡Ay, las trampas!

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