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La importancia de cuidar tu piel desde dentro

Una de las principales funciones de nuestra piel, es la de ser una barrera frente a las agresiones del exterior; agresiones que pueden venir como ataques físicos, microbiológicos, y hasta químicos. Gracias a la piel todos estos ataques consiguen detenerse en la gran mayoría de las veces, y su gran potencial regenerativo le permite recuperarse de estos traumas y prepararse para la siguiente agresión.

Definitivamente, la piel es una excelente defensa y, dado que se extiende y envuelve todo nuestro cuerpo, estamos ante uno de los órganos más grandes de nuestra anatomía; cuidarla y mantenerla en óptimas condiciones nos asegura sus capacidades protectoras estén siempre al máximo.

Los cuidados básicos de la piel empiezan por una rutina de higiene y limpieza diaria; lavarse con jabón y una exfoliación frecuente no sólo sirve para eliminar todas aquellas sustancias y compuestos que se hayan ido depositando sobre ella durante el día, también retira excesos de grasa y células muertas que nuestra propia piel ha generado para garantizar esta defensa.

 

La piel es mucho más que la capa externa

En realidad, la piel es un conjunto de capas apiladas unas sobre la otra. Estas capas están formadas por una gran diversidad de células, cada una con sus funciones específicas. Resumidamente, distinguimos tres capas: la epidermis, la dermis, y la hipodermis.

La epidermis es la capa más externa y está formada por una apilación extremadamente compactada de unas células llamadas queratinocitos. Como su nombre dice, son células muy ricas en queratina, una sustancia rica en azufre y muy fibrosa. Al estar tan expuestas al exterior estas células mueren fácilmente, pero su queratina permanece durante mucho tiempo. Bien podríamos decir que nuestro caparazón es de queratina, al igual que el de los cangrejos es de quitina.

Pelo y uñas son también acúmulos de queratina. Por cierto, que la epidermis es también dónde se encuentran los melanocitos, células responsables de protegernos de los rayos ultravioletas gracias a su contenido en melanina, sustancia que sirve para dar el color de nuestra piel.

Mientras que la epidermis es un acúmulo de capas y capas de queratinocitos, la dermis es mucho más compleja. Aquí se encuentran células con funciones muy diversas, desde las que forman las paredes de los vasos sanguíneos, hasta las que se agrupan para formar órganos secretores, como las glándulas sebáceas y las glándulas sudoríparas. También encontramos las células encargadas de fabricar lo que llamamos pelo. La hipodermis es la capa más profunda y aquí se encuentran, esencialmente, células de grasas y células musculares.

Con toda esta complejidad, es comprensible que tanto la dermis como la hipodermis estén muy protegida del exterior gracias a la epidermis. No es una cuestión trivial, un ataque bacteriano que fuese capaz de llegar a la dermis podría alcanzar los vasos sanguíneos que aquí se encuentran y diseminarse por todo el cuerpo causando una infección más grave.

Por tanto, podríamos considerar la epidermis como una barrera que en condiciones óptimas es impermeable y esta impermeabilidad no depende de si se enfrenta a un ataque o estamos aportándole un compuesto saludable a través de una crema; es una barrea y como tal impedirá el paso de lo que sea todo lo que pueda.

 

¿Las cremas no profundizan tanto como pensamos?

Lo cierto es que no tanto, aunque muchos de los avances en cosmética y farmacia han desarrollado estrategias para ser capaces de alcanzar las capas más profundas de la piel. Gracias a ellos un parche de nicotina funciona.

Sin embargo, no todo está perdido y es posible adoptar estrategias complementarias al uso de jabones y cremas: los elixires. Un elixir no es más que una sustancia apta para su consumo oral y que contiene en su composición ingredientes que deseamos introducir, para cuidar nuestra piel desde dentro. Así, de igual manera que una infección bacteriana podría atravesar la epidermis para llegar a nuestra dermis, los compuestos del elixir son absorbidos en nuestro intestino y repartirse por todo el cuerpo al pasar a la sangre. Bastaría con que esta sangre alcance nuestra dermis y las células que allí viven pueden tomarlos, utilizarlos, y reforzarse.

Un elixir es tan potente precisamente porque se aprovecha de la circulación sanguínea para llegar a todas partes. Mientras una crema se aplica, normalmente, en una zona limitada de nuestra piel, un elixir es capaz de afectar a toda la piel y por ello sus efectos son mucho tan profundos. Es como regar nuestra piel desde dentro y nuestra rutina de cuidado será muchísimo más completa y a buen seguro nuestra piel nos lo agradecerá.

 

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