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Cómo detectar un déficit de vitaminas

detectar un déficit de vitaminas

Si te levantas extrañamente cansada, y no estás viviendo una época más estresante de lo normal ni nada en tu rutina ha cambiado… puede ser que tu cuerpo te esté mandando una señal de aviso.

Y así con muchos otros fenómenos. Aunque una buena y variada alimentación suele cubrir de sobra tus necesidades nutricionales, hay veces que, por cualquier motivo, puede no estar siendo así. Una de esas carencias puede ser un déficit de vitaminas.

¿Qué son las vitaminas?

Las vitaminas, son nutrientes que nuestro cuerpo necesita para realizar bien sus funciones. Su nombre parece sugerir que son sustancias ricas en nitrógeno, y así era en el siglo XIX cuando se descubrieron las primeras. Hoy, sin embargo, se conoce que necesitamos unas 13 vitaminas diferentes, y su composición no tiene por qué contener nitrógeno; es el caso, por ejemplo, de la vitamina C, también conocida como ácido ascórbico, o E300 si usamos el código de aditivo alimentario.

¿Qué tienen en común las distintas vitaminas?

Son nutrientes “de soporte”, es decir, son lo que un andamio a la construcción de una casa: sustancias necesarias para que una determinada función sea posible, pero que no son parte estructural de dicha función.

Es esta función auxiliar la que también explica que cuando vemos para que sirve una vitamina nos encontremos con un listado de variopintas funciones. Siguiendo con la vitamina C: es un potente antioxidante, mejora la elasticidad y textura de la piel, disminuye la presencia de coágulos venosos, mejora la lubricación y movilidad articular, acelera la curación de daños a consecuencia de heridas y quemaduras, e incluso facilita la absorción de otras vitaminas.

Con tan amplio número de funciones, una deficiencia de esta vitamina debería ir precedida por síntomas tan imprecisos como notar una cierta rigidez articular, una pérdida de luminosidad del rostro, tener una piel más fláccida o con más arrugas. En casos de deficiencia grave podríamos presentar sangrado crónico de encías y sufrir una enfermedad conocida como escorbuto. Y así con las otras 12 vitaminas.

Sin embargo, no somos profesionales médicos, por lo que es inviable manejar un listado de síntomas porque sería de lo más extenso y farragoso, es decir, inútil para nuestro día a día. Por eso, lo mejor es quedarnos con unos pocos síntomas de alerta que cuando veamos que aparezcan, poder consultar a un profesional.

Síntomas a los que estar alerta

El cansancio con somnolencia del que hablábamos al principio es uno de ellos. Suele ir asociado con la ya mentada vitamina C, pero también podría deberse a carencias del complejo B, que es una familia de 8 vitaminas que tienen en común su participación en los procesos metabólicos. Tiene sentido, si lo que comemos no es metabolizado por nuestro cuerpo, nos notaremos más cansadas por falta de energía, aunque en teoría sí estemos cumpliendo nuestras necesidades calóricas.

Defícit de vitamina B8

Muy frecuente de ver en mujeres, es una pérdida inusitada del cabello. Si, además las uñas se vuelven quebradizas y la piel parece reseca a pesar de que te hidratas correctamente.

Déficit de vitamina A

Siempre estás enferma. Parece que bacterias y virus tienen predilección por infectarte o que tu sistema inmunológico está de vacaciones. Quizá todo se deba a una carencia de vitamina A. Si, además de catarros persistentes notas que te cuesta ver de noche, las papeletas para presentar esta deficiencia se aumentan.

Déficit de vitaminas C y K

Si te cortas y no dejas de sangrar, además de que las heridas tardan en cicatrizar o las cicatrices son muy persistentes, podrías padecer una carencia de vitaminas C y K. Ambas, y especialmente la segunda, están implicadas en los procesos de coagulación, por lo que su deficiencia va asociada con esta problemática.

Vitaminas D y E

Prestando atención a estos síntomas te aseguras comprobar si tienes un buen aporte vitamínico con la excepción de dos de ellas, la vitamina D y la vitamina E.

Esto se debe a que las deficiencias de estas dos vitaminas son muy raras o difíciles de detectar. Por ejemplo, la vitamina D la puede sintetizar nuestro cuerpo cuando nos exponemos al sol, por lo que basta con vivir en España y salir a la calle a menudo para tener los niveles necesarios. Su deficiencia se acusa en sufrir problemas óseos, lo que no es fácilmente perceptible hasta que la carencia es grave.

Por otro lado, las personas que tienen riesgos de carencias de vitamina E suelen sufrir enfermedades gastrointestinales o metabólicas que requieren de vigilancia médica, mientras que en la población estándar no es nada frecuente.

Para evitar un déficit de vitaminas es fundamental llevar una alimentación variada, equilibrada y saludable. Si tu relación con la comida no es la deseada y te gustaría aprender a comer de forma saludable, en Lev te ayudaremos con una reeducación alimentaría, diseñando un plan de alimentación personalizado para que consigas un estado de salud óptimo y puedas mantenerlo a largo plazo.

Puedes pedir una cita gratuita en www.lev.es.

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