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Adiós a la retención de líquidos en verano

Retención de líquidos

Es muy habitual que llegados los días de calor veraniego observemos un aumento de peso; pero no nos confundamos, es muy probable que buena parte de este cambio se deba a la retención de líquidos. ¿A qué se debe? Por explicarlo de manera muy simple: a un desequilibrio entre el líquido ingerido y el líquido eliminado. Además, afecta con mayor frecuencia a las mujeres debido a que este balance está muy regulado por los niveles hormonales.

Explicado de otra manera, la eliminación de líquidos sucede a través de dos vías: sudando u orinando. La ingestión es simple: bebiendo, hidratándose.

Visto así, podría parecer que la culpa de retener líquidos es que bebemos mucho porque lo necesitamos. Pero, por otro lado, ¿acaso no sudamos más? ¡Debería mantenerse ese equilibrio! Sin contar que cuando bebemos en exceso también forzamos a los riñones a trabajar eliminando estos excesos. ¿Recuerdas los riesgos de la hiperhidratación? Te los contamos en este post.

En nuestro cuerpo existen dos sistemas comunicados entre sí: el sistema circulatorio por el que circula la sangre y el sistema linfático, por el que circula un líquido conocido como linfa. Resumiendo, la retención de líquidos sucede por un anómalo funcionamiento de uno, del otro, o de ambos.

El sistema linfático drena la linfa al torrente sanguíneo. Cuando este drenaje se ralentiza la linfa se acumula entre los tejidos en lugar de fluir hacia el sistema circulatorio. Para que este drenaje sea correcto necesitamos de movimiento; por tanto, cuanto más tiempo estés sentada o haciendo actividades sedentarias propias del verano, como tomar el sol, estar tumbada o disfrutar de largas sobremesas familiares, más lento funcionará este drenaje y mayor será la acumulación de líquido. ¡Primer problema identificado!

El sistema circulatorio consta de una vasta red de arterias, venas y capilares por los que circula la sangre. Cuando la temperatura es alta, como suele pasar en verano, estos vasos sanguíneos se dilatan y, cuando esto ocurre, la sangre fluye con mucha más lentitud y se acumula en los capilares. Al final, este líquido también se vierte a los tejidos. ¡Segundo problema identificado!

Además de todo lo anterior, hay cambios en nuestra alimentación que también contribuyen a empeorar esta situación. Comidas ricas en hidratos de carbono favorecen la retención de líquidos porque el azúcar ingerido en exceso se almacena en el interior de nuestras células en forma de glucógeno, una molécula con mucha facilidad para hidratarse. Es decir, cuando nuestras reservas de glucógeno están repletas, las células están hinchadas y turgentes. La sal también contribuye a incrementar la cantidad de líquido almacenado.

Es una tormenta perfecta. Hay causas que no podemos cambiar, y las que sí podemos, no nos apetece porque significaría modificar lo que el verano significa para muchas de nosotras: unas breves semanas de indulgencia en las que disfrutamos de merecidos caprichos que nos ayudarán a volver a la rutina con más ganas. Es por ello que agradecemos todas esas medidas que sean sencillas de adoptar a la par que entretenidas. Es aquí donde la manera en que nos alimentamos más nos ayudará. Incrementando el consumo de alimentos o suplementos diuréticos mantendremos a raya la retención de líquidos.

Un ejemplo es el A.R.L de Lev, el súper diurético disponible en dos sabores; piña y frutos rojos, te ayudarán no solo a eliminar los líquidos, si no también a mejorar la apariencia de la piel.

Por otro lado… ¡No nos olvidemos de las frutas! Comer fruta fresca es un placer en toda ocasión; así que preparar batidos, helados caseros, o directamente consumir fruta fresca es muy efectivo. La piña es un excelente diurético, también los plátanos y las papayas.

Al final, si no hay ninguna enfermedad ni trastorno, la retención de líquidos será un fenómeno temporal. Con estas sencillas medidas podremos concentrarnos en lo que de verdad importa: disfrutar sanas de esta bonita estación en compañía de los nuestros.

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